jueves, 10 de enero de 2013

Puto daño



Por Flor Bea
 
Siempre he sentido que vos y yo estamos sentados en el mismo cine, pero mirando películas diferentes. Estamos viajando en el mismo avión, pero yendo a destinos diferentes. Estamos comiendo la misma comida, pero sintiendo sabores diferentes. Estamos haciéndonos el amor, pero amándonos diferente. Estamos enamorándonos, pero jugando diferente.

Y pasan los años y yo sigo atrapada en la misma sala, en el mismo viaje, en el mismo plato, en la misma cama, en el mismo tablero. Aunque yo creía que no.

¿Por qué somos así? ¿Por qué somos tan ajenos y pasajeros y estamos tan enajenados?

De pronto, en una noche, se me encogió la vida. Los últimos años vividos se me diluyeron en el recuerdo de un más atrás. Mis últimos amantes, mis últimas parejas, dejaron de tener nombre y rostro. Lo que dolió, ahora ni lo conozco. Lo que bailé y sonreí, ahora no lo soporto. Se me redujo todo a Uno.

Es uno. No seremos dos. Ya hemos aprendido que no sabemos hacer esa suma. Y sin embargo, cuando el día se ha hecho muy largo, vos y yo caemos cansados en un discurso que nos monta otro escenario.

Te acariciaría la planta del pie todo el día. No te enojes, anoche me lo pedirías; ya sé, ahora ya se hizo de día.

Toda. Toda la historia reducida a nuestro pasado. ¿Para qué hemos pasado, últimamente, por estos últimos años?
Tengo mucho más para decir pero te lo resumo: se me ha hecho un puto daño.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Breve sueño de amor


Por Maite Pil

Yo estaba a los pies de tu cama, parada, y vos recostado me contabas que siempre que hablabas de mí decías “mi amor”. Y yo te miraba con cierta vergüenza  y me reía, y vos me decías, que sí, que claro, que me amabas. Lo repetías tres veces. Y yo,  más que decirte que yo también, quería darte las gracias. Saltar al colchón, besarte y seguir riendo de felicidad. Y en un momento iba al baño y recortaba  la tapa del inodoro porque sobresalía. Y el plástico sobrante formaba medio corazón. Iba a la habitación y te lo mostraba, me lo ponía en el pecho para que lo vieras. Vos tenías una sonrisa. Era una señal, hasta los objetos nos señalaban algo sobre el amor. Y vos me decías “ves por qué te amo, porque hacés esas cosas”. Y yo pensaba que tenías razón, que todo lo que hacía lo hacía para que me amaras. Nunca fuimos tan felices. Ojalá vos hubieras tenido este sueño. Estoy segura de que si lo hubieras soñado te habrías enamorado de mí. Entonces entenderías por qué nunca me fui, por qué nunca me voy. Sentirías miedo de que alguna vez lo hiciera y me dirías algo parecido a una confesión.
Te lo quería contar por eso.