domingo, 19 de mayo de 2019

El vuelto de la cobra.







Por Maite Pil. 


Como muchos de ustedes ya se han enterado, Jimena Barón sacó un nuevo tema, "La cobra". El primero, "La tonta", cuenta, básicamente, cómo ella se siente una tonta por haber creído en el amor de un hombre; amor que no era tal, o amor que la dejaba a ella en un lugar indeseable. Es sabido que ese tema está basado en la experiencia que tuvo con el padre de su hijo. Desconozco los detalles de dicha relación, pero evidentemente las cosas no terminaron bien. "La cobra", entonces, viene a ser la superación de aquella historia, devenida en canción, que se inicia con ese sentimiento de ser una boluda - esto lo dijo ella en una entrevista-. 
Es muy entendible y supongo que casi todos podemos empatizar con cierto sentimiento de estafa que puede generar el haber apostado amorosamente a una relación y ser traicionado. Y entonces aquí se da, también, una suerte de falsa doble victimización, porque no sólo se ha sido estafado sino que además se siente culpa por haberlo sido; como si ser tonta fuese la condición anterior a la estafa y no, el sentirse tonta, su efecto. 
La primera fantasía que se desprende de esto es, entonces, que con habilidad e inteligencia uno puede salvarse de un dolor o de una decepción amorosa. Tal vez esos atributos sirvan para los negocios y la timba financiera, pero en el amor y los vínculos, la cosa pasa por otro lado. Digo falsa doble victimización porque o se es víctima o se es responsable. De alguna forma esta canción, aunque creo que no era su intención, exime de responsabilidad al otro y le carga todas las tintas a la propia estupidez. Y hay chicas que la cantan como si fuera un himno feminista...

Bueno, volvamos a la "La cobra": 
Soy la cobra que se cobra todo lo que hiciste, bebé 
¿Pensabas que era gratis lastimar? 
(...) 
A ver si ahora te animás 
Que me hice piedra de tanto aguantar 
Que tanta mierda me hizo hasta engordar 
Y crezco y crezco, y me hice grande (Uh) 
Ya te puedo aplastar, ay.

Una épica de la amenaza y la venganza. Ahora bien, en un ámbito mafioso, por ejemplo, ambas conductas tienen un sentido. La amenaza busca, infundiendo miedo, obtener algo. La venganza, en cambio, es un acto aleccionador. Pero no para el objeto de la venganza, alecciona al resto, a quienes observan el despliegue; es una demostración de poder. 
En el ámbito amoroso, por otra parte, la amenaza y la venganza no existen. ¿Con qué se amenaza a alguien que ya no te quiere? ¿Cómo se venga uno de aquel que se fue?
La amenaza y la venganza son fantasías defensivas. Creer que en tres meses te lo vas a cruzar en una fiesta y vos vas a estar hecha una diosa y él se va a querer matar por haberte dejado, te puede servir de consuelo un ratito. No tiene nada de malo fantasear con esas escenas, pero no son una solución en sí mismas. Todo lo contrario, son la demostración plena de que el duelo no ha concluido. Cuando uno duela un vínculo, ya no recurre a esas escenas de supuesta satisfacción. La satisfacción está en otros lados, en otros amores.    
Confundir al dolor con ser víctima y al resentimiento con empoderamiento son dos lujos que no podemos darnos.   







domingo, 5 de mayo de 2019

Desgraciada







Por Maite Pil. 

Hace varios años atrás me fui de vacaciones, con un novio que tenía, a una playa muy exclusiva de Uruguay. Él era de zona norte y el ambiente le resultaba absolutamente familiar. A mí no, todo me parecía bastante plastificado; y el contraste con la naturaleza no podía más que exacerbarlo. Una tarde, a la hora de los tragos, mi momento favorito, fuimos a un bar de playa precioso. Mientras yo saboreaba un aperitivo vital, él se tomaba, probablemente, una gaseosa.  En un momento se sienta, en una de las mesas libres, una familia digna de revista: un hombre con cara de millonario y cuerpo de deportista,  una cuarentona con cuerpo de quinceañera, una quinceañera con cuerpo de mujer y una hija menor con evidentes problemas madurativos (problemas que, en verdad, los tenían todos los integrantes). No tuve mejor idea que decirle- a mi entonces novio-: pobres, la hija menor les cagó la familia perfecta
Él creyó que me estaba burlando de la piba, pero para nada, de hecho era con la única que me podía identificar. Mi ex se paró y se fue. El viaje continuó pero nada volvió a ser o mismo. Él seguía horrorizado y yo me sentía cada vez menos comprendida. Tener que defenderse de un chiste ante una pareja es una de las cosas más aburridas y solitarias del mundo. 
Tonto sería de mi parte evadir la culpabilidad de mis dichos. Yo no quería provocar- ni mucho menos ofender- a nadie más que a él. A veces hacerse odiar es una linda forma de evitar que el partenaire se conforme con una Sprite. Pero me salió mal. 

A veces me pregunto qué hace que dos personas puedan construir una intimidad que se les sea propia. Que no haya censuras en un chiste, una confesión e, incluso, en cierta miseria. 
¿Es la intimidad el camino para construir una pareja? ¿O será la pareja el camino para construir la intimidad? Que no son lo mismo, y que pueden tomar carriles separados, doy fe.  

En el escrito anterior les hablé del pensamiento y de la pasión. Y allí me preguntaba qué es el amor, qué lugar ocupa, qué rol juega, en función de esas dos cuestiones.  Hoy me pregunto qué es una pareja, qué hace que algunos logren consumarla y otros no. A veces no falta nada para que suceda y no sucede.  A veces falta algo, y se consuma igual.  

Hace poco me preguntaron por qué quería formar una pareja si podíamos ser amantes. Pero es que el amante siempre deja una silla vacía. Nunca falta la ocasión en que te gustaría que se siente al lado.